
El romanticismo…
Esa sobrecarga de emotividad,
que desborda la razón
y transporta el alma...
La piel se afina,
los sentidos se organizan,
tibios de ensoñación,
el beso se hace protagonista,
y las manos…
Las manos,
artesanas de obra humana,
recorren rincones
en busca de misterios,
descaminadas,
en laberintos
lúdicos de pasión…
El corazón en su arrebato,
agita su galope...
Un haz de luz sideral
recorre las figuras,
y se derrama
en este mundo de las formas,
el fuego sagrado
de la existencia...